Curiosidades sobre denominaciones
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08 SEP 2011
Curiosidades sobre denominaciones
Alella es una tierra de larga tradición vitivinícola, donde el producir buenos vinos es una tradición que se transmite de padres a hijos, los que aprenden a amar y a conocer los sabrosos frutos producidos año tras año en pequeñas, armónicas y frondosas viñas, incorporando además de forma permanente nuevas técnicas de cultivo, para entregar vinos de calidad y que por sus especiales características, se convierten en el complemento ideal de la sana y sabrosa dieta mediterránea.
Allí, muy cerca del mar, en Alella, la tierra generosa y vestida de su peculiar color blanco y con especiales características que combinan un suelo arenoso, que absorbe ávido las aguas y que retiene los rayos del sol es uno de los ingredientes fundamentales, al que se añade su clima mediterráneo, en el que se suceden los inviernos sutiles con el calor de sus largos y secos veranos, antecedidos por las lluvias de primavera y completadas con las del otoño y a una singular protección contra los vientos fríos, gracias a la sierra litoral, que también es la frontera que divide a estos vinos con respecto a su lejanía o proximidad del mar.
Tierra de vinos blancos, los tradicionales entregan con frescor su delicadeza, aromas y ligereza. Mientras que sus blancos secos, especialmente los que han sido sometidos a fermentación en nobles barricas añaden un intenso color que recuerda los trigales en verano a un frescor equilibrado y que deja en el paladar sus toques de frutas.
Alella también es tierra de vinos rosados, de esos frescos que llevan en su esencia el alma del mar Mediterráneo y que en boca transforman la experiencia de una cena en un elemento único y con personalidad propia.
Vinos blancos y rosados son producidos una amplia variedad de cepas autorizadas por la Denominación de Origen de Alella y son las Xarel, Garnacha Blanca, Pansa Blanca, Pansa rosada, Picapoll, Malvasía, Macabeo, Parellada, Chardonnay, Chenin Blanc.
Pero en Alella también se producen buenos vinos tintos, cuya principal característica es la de ser caldos varietales y afrutados, hijos de la tierra, el sol y el mar y nacidos de las cepas Pansa Tinta, Ull de Llebre, Garnacha tinta, Garnacha Peluda y Merlot.
Pero lo que más importa es lo que decía al principio, los vinos de Alella son el detalle que convierten una comida o cena mediterránea, de esas prodigas en sabrosos pescados y mariscos, en arroces caldosos y con sabores a especias y verduras y por supuesto también legumbres, en una experiencia gastronómica verdaderamente única, mezclando la riqueza de sabores al sublime toque de placer que entregan sus nobles caldos, los que se transforman en una sinfonía de sensaciones… imágenes y sabores que nos hablan de la tierra, del mar, del sol, de la uva y del trabajo del hombre por llevar el arte del vino a su máxima expresión.